El Videojugador


Un cuento de Hector Akiza

Estaba sentado en una silla justo al medio de la zona reservada para el público, sus ojos estaban bien abiertos, solo la pantalla importaba en ese momento, y en ella se enfrentaban dos monstruos.

Magia en el lugar, se transpiraba deseos de triunfar, el ambiente repleto de corazones indomables, no había lugar para la duda en el cerebro de nadie, todos venían por lo mismo, la corona, el gran premio y nadie se iba a detener.
Destruir al oponente, destruirlo hasta el cimiento mismo… esa era la meta en cada batalla. Pero de alguna forma, entre la violenta tormenta de ímpetu se respiraba respeto, un respeto y un compañerismo inusual en otros lados, pero muy normal en las arcadias. cada uno de los participantes sabía que su oponente no se iba rendir, que iba a usar todo su cerebro, no habría neurona que no estuviera manteniendo una sinapsis forzosa, el estado de relajación no era opción para las células cerebrales, pulgares más veloces que ferraris, reflejos felinos y una concentración absoluta…

El no era el más habilidoso, pero si el más apasionado, se le hacía difícil aprender términos técnicos, pero una vez que sus manos tomaban el mando, su mente tomaba el control. Venía de un país latinoamericano, estudiante de sociología, abandonó el país con muchos sueños, con mucha tristeza y con el corazón lleno de amor por su familia, un corazón incapaz de rendirse. En su barrio sus amigos soñaban con lo que él estaba viviendo, se fue mojado para los Estados Unidos y ahora estaba a punto de subir a un escenario con las bestias, se iba a enfrentar a verdaderos asesinos en los juegos de video.

Su padre había sido aficionado al boxeo, el hijo a los juegos de pelea, la violencia la llevaban en las venas y cada quien la desencadenaba en un deporte diferente, su padre como practicante del pugilismo y el hijo como fanático de los deportes electrónicos. El mayor hablaba de la legendaria pelea entre Buster Douglas y Mike Tyson, el hijo hablaba del EVO moment 37.
El viejo había muerto de insuficiencia renal hacía cuatro años. Ahora Santiago solo vivía para trabajar y enviarle el dinero a su madre y sus dos hermanos menores, para eso y para jugar Street Fighter, porque así se miraba él, como un peleador callejero, como el sobreviviente de un barrio pobre y marginal, marginal pero hermoso en su memoria, donde algunos jóvenes se reunían a charlar, otros a drogarse, pocos a estudiar y otros tantos en grupos religiosos. Un grupo reducido de jóvenes, estaban reunidos en una pequeña casa, esperando a que Santiago subiera al escenario y enfrentara a uno de los japoneses en el evento. En el top ocho, venía desde la llave de perdedores, pero había entrado, después de este torneo estaba el EVO, y seguro podría ir si obtenía el premio aquí. Cinco mil dólares era todo lo que necesitaba, la mitad para su familia y el resto para su proyecto, viajar al evo y hacer crecer la comunidad de jugadores en su país. Comprar los monitores y las consolas, y que “el clan” tuviese una base.

El publico estaba eufórico, un nuevo competidor estaba eliminado, y en la pantalla gigante se miraba una imponente Cammy. Ahora los jugadores bajaban del escenario... Era su turno, venía de la nada, un perfecto desconocido en la escena, nadie apostaría por él, nadie, escepto sus amigos, tres muchachos, frente a un monitor, pendientes de una transmisión en vivo a través de internet. El nerviosismo aumentaba, jamás había estado frente a tantas personas, y nunca se había enfrentado a rivales de este calibre.

Recordó a su padre, hablandole de la pelea entre Douglas y Tyson, su padre le dijo que el secreto era hacer las cosas por amor, como Buster Douglas lo hizo cuando noqueó a Tyson por amor a su madre, y ahora él tenía que hacerlo por amor a su familia y a sus amigos, ellos importaban más que ver televisión, eran más importantes que salir a pasear los viernes por la noche, eran más importantes que ir al cine o estar en redes sociales… Hoy se vería si el sacrificio daba resultados. Tres cosas estaban a su favor esta noche, Santiago amaba a su familia, a sus amigos y amaba el juego… Subió las gradas hasta encontrarse frente a la silla donde jugaría un primero a doss peleas contra uno de los pesos pesados de la escena.
Miró el control, recordó a su madre y las calles del barrio, a sus amigos riendo a su lado y a sus hermanos estudiando…

-Yo quiero hacerlo, puedo hacerlo y definitivamente voy a hacerlo…-
Entonces tomó el mando, y todo desapareció, solo era él y su oponente, y en este momento él ya no era él mismo, ahora era Akuma, y su oponente no estaba sentado al otro lado, su oponente era Ryu, el corazón latía rápido, y la pantalla se puso blanca, como el resto del mundo a su alrededor, en ese preciso momento solo existía existía Street Fighter.

El combate comenzó, el juego estaba espaciado, los proyectiles de Ryu eran más rápidos y el daño que hacían era mayor, el contrincante no se acercaría por ninguna razón, la fortaleza del oponente yacía en la paciencia, paciencia que Santiago no tenía, se acercaba y se avalanzaba con ímpetu sobre su oponente, pero este estaba acostumbrado a que lo atacaran, su fortaleza estaba en distanciarse hasta llevar al otro jugador a la desesperación, y nadie juega bien estando desesperado, la ventaja se hizo evidente cuando Santiago perdió el primer round.
Comenzó el segundo round de la primer pelea, y una idea cruzó por la mente del muchacho, comenzó a acercarse no con la intención de atacar, en realidad solo estaba midiendo a su oponente, estudiando sus reacciones, estaba leyendo la mente de su oponente y se encontró a si mismo con la mitad de la pelea perdida, su rival era difícil, cada salto que Santiago hacía era recibido con un devastante ataque antiaéreo, midió la distancia de cada ataque, faltaba poco para que perdiera el segundo round, y entonces cambió drásticamente el patrón de ataque, se quedó quieto, esperando a ver que hacía su némesis, y encontró un espacio entre cada proyectil, destinado a despistar, dos golpes lanzados al aire y entonces antes de que lanzara el siquiente hadoken, justo cuando la animación comenzaba, Akuma saltó, y comenzó un contraataque que le restó casi el cuarenta por ciento de la vida al otro jugador, y en otro descuido Santiago perdió la pelea.
Comenzó el primer round de la segunda pelea, una pelea más acompasada, con mejores respuestas de el inmigrante ilegal, era un vals de violencia, con interacciones de ambas partes, pero había un claro dominante de la pelea, y no era nuestro protagonista, que perdió por poco, pero terminó el round con una ventaja para el siguiente, comenzar con las barras de Critical Art al máximo.
Segundo round, la última oportunidad de ganar este enfrentamiento.
Comenzó todo con dificultades para Santiago, pero este no se desesperó, los ataques le mermaron el treinta por ciento de la vida. El tiempo se consumía en una pelea a distancia, característica de los usuarios de Ryu, entonces en una rutinario y sistemático método de ataque del oponente algo falló, una medida de tiempo mal tomada, una décima de segundo, eso era todo lo que se necesita en videojuegos para perder una partida, Akuma comenzó un nuevo ataque por tierra, una combinación de golpes que quitó no poca vida de su oponente y que sumado a esto lo dejó en posición perfecta para resetear el combo, dejando a Ryu a una caricia del “stun” el oponente sabía como lidiar con esto, y saltó hacia atrás antes de que Akuma se acercara demasiado, pero ese salto fué interceptado cuando el oponente estaba cayendo, Santiago comenzó un combo nuevo y nuevamente lo reseteó, y el oponente cayó nuevamente en la trampa, perdiendo el round, la siguiente pelea fué diferente, santiago consiguió una leve ventaja desde el inicio, y así permaneció casi todo el round, hasta que en un acto de desesperación era Ryu el que se lanzaba a la cacería, y fue tratado como el trataba anteriormente. Una pelea más, dos rounds, jugados con la paciencia de un monje, Santiago se dedicaba a esperar las fallas del oponente y a evadir los proyectiles de manera que no recibiera daño… Santiago ganó…

Terminó la pelea, el escenario estaba en silencio, las personas sentadas estaban quietas, sorprendidas, todo había pasado muy rápido para algunos, uno de los oponentes más fuertes estaba ahora eliminado del torneo, y un desconocido estaba subiendo poco a poco, de la muchedumbre en el anonimato. Pero en su corazón no había silencio, la algarabía lo llenaba, la alegría y el voluptuoso deseo de triunfar entonaba una canción en su fuero interno.

El resto de las peleas fue muy similar, estudio del oponente y después a desencadenar la bestia interna, Santiago había soltado los leones dentro de su mente.
-Yo quiero hacerlo, puedo hacerlo y definitivamente voy a hacerlo…-
Y regresó al escenario, estaba ante un oponente legendario, la bestia lo miraba a los ojos y le saludaba con respeto, admirando las hazañas del muchacho inmigrante, al ver a su ídolo sintió que lloraba, cuantos jóvenes solo sueñan con momentos somo este, cuantos desearían poder salír de casa y vivir estas emociones, pensó. Se inclinó, bajó la cabeza y saludo con una humildad que fue correspondida por su contrincante, con la misma muestra de generosidad y mansedumbre. Santiago sabía que se enfrentaba a un humilde gigante.

La pelea fue difícil, casi la más difícil en su vida, pero si había superado la separación de su familia, podría superarlo todo, su voluntad era absoluta y resuelta, la pelea se resumía a los últimos segundos de una cuenta hacia atrás agonizante sobre si misma, ambos estaban a nada de perder, Santiago había llegado lejos, si perdía esta pelea se despedía en segundo lugar, si ganaba, sus sueños estarían a mitad de camino, entonces se escuchó el emblemático grito de Guile ¡Sonic Boom…!, Akuma detiene el golpe con un parry, y todos se quedan en silencio, cuando el parry es cancelado y se escuchan las palabras “die, one thousand deaths...”

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